Hay decisiones que pueden ser populares y otras que, sencillamente, son necesarias.
La propuesta anunciada por el Gobierno para actualizar el cobro del ITBMS en compras realizadas a través de plataformas extranjeras y en servicios digitales de alojamiento como Airbnb abre un debate que Panamá tenía pendiente desde hace años.
Y la pregunta de fondo es muy sencilla:
¿Es justo que el empresario panameño pague impuestos, alquiler, planilla, Seguro Social, permisos, servicios públicos y todos los costos de operar formalmente en nuestro país, mientras compite contra productos y servicios provenientes del extranjero bajo condiciones tributarias diferentes?
La respuesta también es sencilla: no es justo.
Eso no significa estar en contra de Amazon, Airbnb, el comercio electrónico o la economía digital. Todo lo contrario. Panamá tiene que modernizarse, abrirse al mundo y aprovechar la tecnología.
Pero modernizarse no puede significar abandonar a nuestros propios empresarios.
Durante años hemos dicho que debemos apoyar al emprendedor, al comerciante, al hotelero, al pequeño empresario y a todos aquellos que cada mañana levantan una cortina, abren una oficina, pagan salarios y generan oportunidades para miles de familias panameñas.
Pues apoyarlos también significa permitirles competir en condiciones justas.
Si un producto comprado en un comercio panameño paga ITBMS, es razonable que un producto adquirido por internet en el extranjero y consumido en Panamá tenga un tratamiento tributario equivalente.
Si un hotel nacional cumple con impuestos, permisos, trabajadores y regulaciones para vender una habitación, también es lógico revisar las condiciones bajo las cuales compiten los alojamientos comercializados a través de plataformas digitales.
No se trata de cerrar Panamá al mundo. Se trata de abrirnos al mundo sin darle la espalda a los nuestros.
La economía cambió. La manera de comprar, vender, viajar y hacer negocios cambió. Y las reglas también tienen que evolucionar.
Queremos comercio electrónico. Queremos tecnología. Queremos inversión. Queremos plataformas internacionales.
Pero también queremos empresarios panameños fuertes, comercios abiertos, hoteles competitivos, empleos nacionales y una economía donde competir no sea una carrera con ventajas para unos y cargas para otros.
La verdadera libre competencia comienza cuando existen reglas claras y equivalentes.
Por eso, más allá de las críticas naturales que pueda generar cualquier medida tributaria, Panamá debe mirar este debate con sentido de país.
Porque defender al empresario nacional también es defender el empleo, la inversión y el futuro de nuestra economía.
Todos son bienvenidos a competir en Panamá. Pero ya era hora de que todos jugaran en la misma cancha.
IMPACTO PANAMÁ