Durante décadas, el cine y la cultura popular nos presentaron a los gigantes del pasado como criaturas capaces de persecuciones épicas. Sin embargo, una reciente investigación publicada en la prestigiosa revista Scientific Reports acaba de derribar esta creencia: dinosaurios saurópodos, mastodontes y mamuts eran, en realidad, mucho más lentos de lo que se estimaba, moviéndose a ritmos que apenas superarían la marcha atlética de un ser humano.
La física detrás del paso gigante
El estudio, liderado por científicos de las universidades de Granada (España), Queensland (Australia) y Helsinki (Finlandia), revela que el peso y la estructura de las patas imponen un límite biológico insalvable. Los animales graviportales (con patas en forma de columna diseñadas para soportar toneladas) simplemente no están hechos para la velocidad.
A partir de los 100 kilogramos de masa corporal, la velocidad máxima de un animal terrestre comienza a disminuir progresivamente. El referente actual es el elefante, el animal más pesado de la fauna viva, que rara vez supera los 25 km/h.
Mamuts vs. Dinosaurios: ¿Quién ganaría la carrera lenta?
Utilizando nuevos modelos matemáticos basados en datos empíricos de elefantes modernos, los investigadores recalcularon las velocidades de los íconos de la prehistoria:
| Especie | Peso Estimado | Velocidad Máxima |
| Mamut Lanudo (M. primigenius) | 6 toneladas | ~21 km/h |
| Mammuthus meridionalis | 14 toneladas | ~18 km/h |
| Mammut borsoni | 16 toneladas | ~15 km/h |
| Turiasaurus riodevensis | 42 toneladas | ~11.8 km/h |
| Argentinosaurus huinculensis | 75 toneladas | ~10 km/h |
Para poner esto en perspectiva, un marchista olímpico humano puede alcanzar velocidades de hasta 15 km/h, lo que significa que el enorme Argentinosaurus —uno de los seres más grandes que han pisado la Tierra— se desplazaba más lento que un atleta de élite en competencia.
Corrigiendo el error del pasado
¿Por qué nos equivocamos tanto tiempo? Según el geólogo Javier Ruiz (UCM) y el arqueólogo Juan Manuel Jiménez-Arenas (UGR), los modelos tradicionales sobreestimaban la velocidad de los elefantes actuales hasta en un 70 %. Al aplicar estas ecuaciones erróneas al registro fósil, la paleontología exageró las capacidades atléticas de las especies extintas.
Este hallazgo no es solo una curiosidad; redefine nuestra comprensión de la ecología antigua. Ahora los científicos pueden reconstruir con mayor fidelidad cómo migraban estos gigantes, cómo evitaban a los depredadores y cómo interactuaban con su entorno. La imagen de un mamut cargando a toda velocidad ha sido reemplazada por la de un coloso que avanzaba con paso firme, majestuoso y, sobre todo, muy pausado.
IMPACTO PANAMÁ