La imagen de Phil Collins dominando el escenario desde su batería es una de las postales más icónicas del rock. Sin embargo, detrás de la leyenda de Genesis y una carrera solista que marcó a fuego los años 80, se esconde una realidad física abrumadora. A sus 74 años, el músico británico enfrenta las secuelas de una lesión que no solo lo alejó de las baquetas, sino que ha transformado su vida en una lucha constante por la autonomía.
El origen del declive: Una vértebra y un destino
El punto de inflexión ocurrió en 2007. Durante una gira, Collins sufrió una lesión grave en las vértebras de la zona superior del cuello. Lo que parecía un incidente más en la vida de un artista enérgico, derivó en daños neurológicos persistentes.
«Todo lo que podía salir mal me salió mal», confesó el artista en el podcast Eras de la BBC. La lesión afectó la conexión nerviosa con sus extremidades, provocando una pérdida de destreza motriz que, tras 15 años de complicaciones, le impide hoy caminar sin ayuda de muletas o apoyo externo.
Vivir con asistencia permanente
La realidad cotidiana de Collins dista mucho de los lujos de una estrella de rock convencional. Su estado de fragilidad requiere asistencia médica las 24 horas; una enfermera residente supervisa su medicación y lo asiste en cada desplazamiento.
El impacto físico en cifras:
- 5 cirugías: Intervenciones quirúrgicas en ambas piernas para intentar recuperar movilidad.
- 1 rodilla funcional: Actualmente, solo una de sus rodillas responde con normalidad.
- 10 años con bastón: Desde 2015, el uso de apoyos es indispensable para su equilibrio.
Para un hombre que definió su identidad a través del ritmo, el daño neurológico en las manos fue el golpe más duro. «He pasado toda mi vida tocando la batería. De repente, no poder hacerlo es un shock», compartió en el documental Drummer First.
Un regreso al estudio: La esperanza de los 74 años
A pesar de los rumores que sugerían un ingreso a cuidados paliativos —versiones desmentidas categóricamente por su equipo—, Collins mantiene una llama encendida. Tras alcanzar dos años de sobriedad y notar mejorías tras sus últimas cirugías, el músico se siente «activo y saludable» dentro de sus limitaciones.
Su ambición actual no está en los grandes estadios, donde tuvo que despedirse de Genesis sentado en una silla, sino en la intimidad del estudio de grabación. «Tienes que empezar a hacerlo para ver si puedes lograrlo», ha declarado con la convicción de quien sabe que, aunque sus piernas fallen, su capacidad de crear himnos permanece intacta.
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