Silicon Valley, tierra de startups y sueños digitales, siempre se ha enorgullecido de su espíritu disruptivo. Pero nadie esperaba que esa disrupción se extendiera a la política, con figuras como David Sacks y Elon Musk liderando un sorprendente éxodo hacia el campo de Donald Trump. Este fenómeno plantea una pregunta crucial: ¿qué está impulsando a los multimillonarios tech a abrazar a un candidato que muchos consideran la antítesis del progresismo californiano?
La respuesta parece radicar en una creciente frustración. Jason Calacanis, otro gigante tech, revela que está siendo «crucificado» por sus amigos simplemente por asociarse con Sacks. Este ambiente sugiere una tensión subyacente, una sensación de que el Partido Demócrata ya no representa los intereses de la élite tecnológica.
Históricamente, California fue hogar de presidentes republicanos como Reagan y Nixon. Ahora, con la marea roja avanzando en Silicon Valley, ¿podría el estado volver a sus raíces conservadoras? La presencia de un pollo inflable de 10 metros burlándose de Trump en San Francisco demuestra que la resistencia es feroz. Pero en un mundo donde los algoritmos pueden cambiar elecciones, ¿subestimamos el poder político de estos nuevos barones digitales pro-Trump?