Por Aldo López Tirone
Hay lugares donde el café es solo café.
Y está Cuba… donde el café es memoria, alma y resistencia.
Una coladita no se sirve por casualidad; se ofrece con historia. Es el primer gesto cada mañana para millones de cubanos: un ritual que despierta cuerpo y espíritu. En estas imágenes vemos la sencillez de lo cotidiano —una mesa de madera, una taza pequeña, una bandera que no se borra— pero también la fuerza profunda que hay detrás de cada sorbo.
Cola, memoria y conversación
En Cuba no se toma café solo.
Se comparte.
La colada nace en la vieja cafetera, pasa a tazas diminutas y llega a manos amigas. Es la excusa perfecta para conversar, para recordar, para planear, para seguir. El aroma no se impregna en la ropa: se instala en el corazón de quien lo bebe. Porque en un país donde la vida puede ser desafiante, la colada es un abrazo silencioso, un momento diario donde todas las historias tienen espacio.
El cortadito: equilibrio en la balanza diaria
Algunas mañanas exigen equilibrio. Por eso está el cortadito: un balance medido entre café y leche, entre fuerza e introspección. No es tibio. No es suave. Es el punto justo donde la realidad —a veces dura— se disfruta con claridad. Ese sorbo es el que permite comenzar la jornada sin perder la firmeza, pero sin renunciar a una pizca de ternura.
Más que bebida, símbolo de cultura
Frente a la bandera difusa del fondo, cada taza parece decirnos esto:
No es solo café. Es Cuba en una taza.
Esa frase resume algo esencial: la colada es cultura viva. Es identidad hecha sabor. Es la respuesta cotidiana a un contexto que cambia sin descanso. Porque, justo como la isla, este café no se diluye: se concentra.
Una isla fuerte, un café fuerte
Las tazas son pequeñas —pero su impacto no lo es.
Cada sorbo es un recordatorio de la fortaleza del espíritu cubano:
el mismo que conversa, ríe, reclama y sueña con libertad cada día.
Y así, entre risas y palabras, la coladita sigue pasando de mano en mano…
como pasa la historia misma, pausada pero persistente, sorbo a sorbo.
IMPACTO PANAMÁ