El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, compareció hoy ante el Congreso para detallar el plan de acción que la administración estadounidense está ejecutando en Venezuela tras la extracción y captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. La estrategia, fundamentada en el control económico y la presión diplomática, se divide en tres etapas críticas diseñadas para evitar el colapso del país sudamericano.
Fase 1: Estabilización y control de activos
El objetivo primordial de Washington en este momento es evitar el caos social y político. Rubio enfatizó que la «cuarentena» o bloqueo naval es la herramienta de mayor influencia para lograr este fin.
Como parte de esta fase, se confirmó la incautación de 30 a 50 millones de barriles de petróleo que se encontraban estancados en territorio venezolano. «Venderemos ese petróleo a precios de mercado, no con los descuentos que recibía el régimen», afirmó Rubio. Los fondos generados serán gestionados internacionalmente para asegurar que se utilicen en beneficio del pueblo venezolano y no terminen en manos de la corrupción.
Fase 2: Recuperación y reconciliación nacional
Una vez estabilizada la economía básica, la segunda etapa se centrará en dos pilares:
- Reintegración económica: Garantizar que empresas estadounidenses y occidentales puedan reingresar al mercado venezolano bajo condiciones de competencia justa.
- Reconstrucción social: Rubio adelantó un proceso de reconciliación nacional que incluye la amnistía y liberación de presos políticos, así como la repatriación de exiliados para reconstruir la sociedad civil.
Fase 3: Transición definitiva
La etapa final será la transición política hacia un nuevo gobierno. Rubio explicó que estas fases pueden solaparse dependiendo de la velocidad de los acontecimientos en Caracas.
El papel de Delcy Rodríguez bajo la lupa
Tras la extracción de Maduro, quien ya enfrenta cargos de narcoterrorismo en una corte de Nueva York, Delcy Rodríguez asumió la administración interina. Aunque su designación causó sorpresa inicial, Washington ha sido enfático: su permanencia es parte de una agenda pactada.
Estados Unidos monitorea de cerca cada acción de Rodríguez para asegurar el cumplimiento de la hoja de ruta y evitar un vacío de poder que derive en una crisis humanitaria mayor.
IMPACTO PANAMÁ