Imagina tener frente a ti un mensaje del pasado, pero no tener el código para leerlo. Ni diccionarios, ni gramática, ni una «Piedra de Rosetta» que sirva de puente. Este es el desafío que enfrentan expertos como Svenja Bonmann, lingüista de la Universidad de Colonia, quien dedica su vida a resolver los rompecabezas más exigentes de la historia.
¿Por qué no podemos leerlos?
El problema principal no es la falta de tecnología, sino la escasez de material. La IA, que hoy parece omnisciente, necesita grandes volúmenes de datos para aprender patrones, y en estos casos, los textos son demasiado cortos o están fragmentados.
Los 7 enigmas indescifrables:
- Escritura Epiolmeca (México): Surgida en la costa del Golfo, cuenta con tan pocos símbolos que su contexto es casi un misterio total.
- Cultura del Valle del Indo (India/Pakistán): Aparece en sellos y cerámicas en secuencias tan breves que los expertos dudan si es una lengua o un sistema de símbolos.
- Rongo Rongo (Isla de Pascua): Pictogramas de aves y formas humanas tallados en madera que solo unos pocos conocen… pero nadie comprende.
- Lineal A y Jeroglíficos Cretenses (Grecia): Mientras el Lineal B se descifró por ser griego antiguo, sus antecesores minoicos siguen mudos.
- Disco de Festos (Creta): Un objeto único de arcilla con símbolos en espiral. Al ser una pieza aislada, no hay con qué compararlo.
- Etrusco (Italia): Podemos leer su alfabeto (derivado del griego), pero no entendemos qué dicen las palabras porque la lengua no tiene parientes vivos.
- Protoelamita (Irán): La tradición de escritura más antigua de la región; sus signos están catalogados, pero su lengua no encaja en ninguna familia conocida.
Para Bonmann, descifrar estos códigos es como usar una máquina del tiempo: «Accedemos a una cultura que desapareció hace mucho tiempo, una necesidad humana de saber de dónde venimos».
IMPACTO PANAMÁ