En una de sus publicaciones más comentadas en Instagram, el expresidente Ricardo Martinelli lanzó un duro ataque contra el diario La Prensa, al que acusa de mantener una línea editorial dirigida a desacreditarlo y de responder a los intereses de un reducido grupo de poder económico. Con su estilo frontal, Martinelli sostiene que, cada vez que se habla de él, el medio «fabrica e inventa lo que sea» para atraer audiencia.
Más allá del tono confrontativo, el mensaje abre nuevamente un viejo debate en Panamá: ¿quién realmente influye en la opinión pública? Martinelli asegura que ciertos sectores empresariales utilizan medios de comunicación para intervenir en la agenda política sin haber recibido jamás un solo voto ciudadano. Según su publicación, existe una estructura que ejerce presión sobre gobernantes y funcionarios bajo el discurso de la transparencia, mientras protege intereses económicos particulares y busca desacreditar a quienes desafían ese poder.
Uno de los argumentos que más llamó la atención fue la comparación del alcance digital. El exmandatario afirma que sus redes sociales acumulan más de 24 millones de visualizaciones, frente a aproximadamente 2.4 millones que atribuye al medio, utilizando esa diferencia para sostener que hoy la conversación pública ya no depende exclusivamente de los periódicos tradicionales, sino de las plataformas digitales y del contacto directo entre líderes políticos y la ciudadanía.
Martinelli también cuestiona el uso de recursos públicos destinados a publicidad estatal en medios privados. En su publicación plantea que resulta contradictorio que, con dinero de los contribuyentes, se financie a empresas periodísticas que posteriormente mantienen una línea crítica contra el propio Gobierno, sugiriendo que ese modelo termina alimentando un sistema de confrontación permanente más que un ejercicio equilibrado del periodismo.
El fondo del debate, sin embargo, trasciende el enfrentamiento entre un expresidente y un medio de comunicación. La discusión gira alrededor del papel que deben desempeñar la prensa, el poder económico y las redes sociales dentro de una democracia moderna. Mientras unos defienden el rol fiscalizador de los medios tradicionales, otros consideran que estos también deben estar sujetos al escrutinio público cuando existe la percepción de que responden a intereses particulares.
Con esta nueva ofensiva pública, Ricardo Martinelli vuelve a colocar sobre la mesa una discusión que seguramente seguirá dividiendo opiniones: el poder de los medios tradicionales frente al creciente peso de las redes sociales en la construcción de la opinión pública panameña. Su mensaje, compartido directamente con cientos de miles de seguidores, confirma que la batalla por la narrativa política ya no se libra únicamente en las portadas de los periódicos, sino también en el terreno digital donde, según el propio exmandatario, «la gente decide a quién escuchar».
IMPACTO PANAMÁ