En una jornada marcada por el alivio nacional, el Gobierno de la República de Panamá confirmó la liberación de Javier Olmedo Núñez, el ciudadano panameño que se encontraba bajo detención arbitraria en Venezuela. El desenlace, anunciado este viernes, pone fin a semanas de intensa incertidumbre y se posiciona como uno de los éxitos diplomáticos más relevantes de la administración del presidente José Raúl Mulino.
Liderazgo y presión diplomática
Desde que se conoció la captura de Núñez, el presidente Mulino asumió personalmente la coordinación del caso. Bajo su instrucción, el Ministerio de Relaciones Exteriores activó protocolos de emergencia para garantizar la integridad física del detenido y presionar por su liberación inmediata a través de canales humanitarios.
El Servicio Consular de Panamá en Caracas jugó un rol fundamental en el terreno, brindando asistencia constante a Olmedo Núñez y asegurando que sus derechos básicos fueran respetados dentro del centro de reclusión, mientras que en la esfera multilateral, el embajador Eloy Alfaro, ante las Naciones Unidas, mantuvo el caso bajo el foco de la comunidad internacional.
El papel de la «Diplomacia Silenciosa»
La libertad de Javier Olmedo no fue un esfuerzo aislado de Panamá. El comunicado oficial del Estado destacó la colaboración de actores clave que facilitaron el diálogo con las autoridades venezolanas:
- Qatar como mediador: Se reconoció la «diplomacia silenciosa» ejercida por el Estado de Qatar, país que consolidó su papel como puente en conflictos internacionales complejos.
- Respaldo de EE. UU.: El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, brindó un apoyo significativo que reforzó la posición panameña en materia de derechos humanos.
- Solidaridad Regional: Figuras como la líder opositora María Corina Machado también expresaron su respaldo durante el proceso de liberación.
Prioridad innegociable
Con el retorno de Olmedo Núñez, Panamá reafirma una premisa central de su política exterior: la protección de sus ciudadanos en el exterior es una prioridad absoluta del Estado.
Este caso no solo refuerza el compromiso de la actual administración con el derecho internacional, sino que también envía un mensaje de firmeza institucional. Hoy, tras un largo periodo de angustia para su familia, el país celebra con una frase que resuena en todo el territorio: ¡Bienvenido a casa, Javier!
IMPACTO PANAMÁ