En una jornada sin precedentes que ha reescrito la historia contemporánea de la región, el destino de Venezuela se debatió este lunes en dos escenarios clave. Mientras Nicolás Maduro desafiaba a la justicia estadounidense desde un banquillo en Manhattan, en el Palacio Federal Legislativo de Caracas, Delcy Rodríguez tomaba el juramento para intentar mantener la continuidad del régimen chavista bajo un mandato de emergencia.
Manhattan: El desafío legal de Maduro
Apenas 48 horas después de su captura en la «Operación Brillante», Nicolás Maduro (63) compareció ante el juez federal Alvin Hellerstein. Vestido de forma sencilla y hablando en español, el derrocado líder no tardó en calificar su situación de «secuestro».
«Soy el presidente de Venezuela y me considero un prisionero de guerra. Fui capturado en mi casa en Caracas», sentenció ante el tribunal.
Tanto él como su esposa, Cilia Flores (69), se declararon «no culpables» de los cargos de narcoterrorismo y conspiración para importar cocaína. Su defensa, liderada por el abogado Barry Pollack, confirmó que permanecerán detenidos en el Centro Penitenciario de Brooklyn sin solicitud de fianza por el momento. El expediente también apunta a figuras como Diosdado Cabello y Nicolás Maduro Guerra, vinculándolos con una red criminal transnacional.
Caracas: El «Círculo de Hierro» se reagrupa
A miles de kilómetros de distancia, el oficialismo venezolano ejecutó un movimiento rápido para evitar el colapso institucional. Bajo una orden directa del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Delcy Rodríguez fue juramentada como jefa del régimen por un periodo inicial de 90 días prorrogables.
La ceremonia fue un despliegue de lealtad familiar y política:
- Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento, fue el encargado de tomar el juramento a su hermana.
- «Nicolasito» Maduro Guerra estuvo presente en el hemiciclo, validando la sucesión en nombre de su padre detenido.
Con la voz entrecortada, la nueva mandataria afirmó asumir el cargo «con dolor» y denunció ante la comunidad internacional lo que considera una violación flagrante a la soberanía nacional por parte de la administración de Donald Trump.
Un país en cuenta regresiva
La dualidad de poderes y la intervención militar han puesto a Venezuela en una situación límite. Mientras el Consejo de Seguridad de la ONU se reunía de emergencia en Nueva York para discutir la legalidad de la intervención, países vecinos como Colombia han movilizado tropas a sus fronteras ante el temor de una escalada de violencia o una crisis migratoria masiva.
Con un mandato de apenas tres meses, Delcy Rodríguez se enfrenta al reto de gobernar un país bajo asedio, con una economía paralizada y una legitimidad interna y externa bajo máximo cuestionamiento.
IMPACTO PANAMÁ